Horacios y Curiacios: Tito Livio (I, 22-26) Anales

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A Numa le sucede un rey enérgico y feroz: Tulo Hostilio (672-640 a.c.).
         Cupiritas imperi ad armas ducit: la codicia del imperio conduce a las armas.
         Mhthr, mhtro, -V: metrópolis, ciudad madre.
         Metro-poliV.
El rey de Alba-Longa envía a sus legados o mensajeros para pedir al rey de Roma, Tulio, que cese en su intención expansionista y que abandone el pillaje contra su ciudad (ad repetundam res). Pero el rey codicioso se tomará este aviso cómo una declaración de guerra, estallando una guerra casi civil, entre la madre y la hija.
Las tropas se presentaron frente a las murallas de Roma y el rey de Alba-Longa pretendió, antes de que sea tarde y habiendo enviado a unos emisarios, una reunión pacífica. De la reunión entre reyes se sacó en claro que Tulio pretendía de cualquier forma provocar la guerra. Tan sólo se llegó a un acuerdo: 

ineamus aliquem vian qua sine magna sanguire sine cladi
ideemos algún camino para que no sea una carnicería.
 La solución se encuentra en la representación de ambas ciudades por 3 Horacios y 3 Curiacios.
Antes, para la preparación de la batalla, se realizaba un rito: un fecial iba a pedir la paz al enemigo, pero si no lo conseguía lanzaba una lanza al otro lado; si era aceptada, el “pater vervenarius” sacudía la cabeza de los reyes con unas plantas.
Volviendo a la batalla, el futuro dependía de 6 hombres, enfrentados en un campo de batalla, jadeados por sus compañeros. Una señal abrió la contienda. Las armas sonaron al chocar y las espadas brillaban. Las primeras heridas sobrecogieron al resto de los espectadores. Fueron primero 2 romanos en caer, al igual que la moral de sus compañeros; no así el ánimo y gozo de los Albanos. Pero a pesar de la situación, 3 albanos contra un romano, la contienda estaba casi igualada, pues los Curiacios estaban heridos. El romano huye para luchar dispersado en combates singulares. Con esta estrategia acaba con 2 Curiacios. La contienda se puso igualada y la moral romana había cambiado. Ya sólo es tiempo de que acabe con el albano herido. El último Curiacio es abierto de arriba abajo, la victoria es romana.
El vencedor tiene derecho a las pertenencias de los vencidos. El bando albano sufre llantos y decepción, el de los romanos gritos y ovaciones.
         ovatio, -oris: ovación (celebrar victorias con sacrificios de una ovicula: oveja).
         Eu oi: grito griego al ofrecer sacrificios al Dios Baco.
         Gratulos arios: dar en horas buenas, felicitar.
Después se dejó el campo libre para dar sepultura a los muertos, enterrados en el lugar donde yacieron (in quo quisque loco cecidit).
         ex-taut: obeliscos de piedra en pie.
         Sto, -as, -anc: estar en pie.
El rey albano se puso a disposición del rey romano. Los soldados volvieron a la ciudad donde les esperaba un cortejo triunfal.
Este cortejo está encabezado por el Horacio triunfante, que vestido con las ropas de los derrotados, llevaba los cuerpos de sus hermanos. Junto a la puerta Capea está su hermana, Camila Horatia, prometida de uno de los Curiacios. Ella se fija en una de las prendas ganadas del combate por su hermano, resultando ser un manto tejido por ella (paludamentuis) y regalado a su prometido, provocando en ella un ruidoso llanto.
         lacrimari: llorar en silencio.
         Fleo, -es, -ere: ruidosamente.
         Ploro, -as, -are: llorar con gritos.
El Horacio ante tal espectáculo se encara con su hermana y le ordena marchar con su amor inoportuno. Pero no siendo suficiente la mata con su espada.
         trans-figit: atravesar con la espada.
El pueblo expectante, aturdido y espantado, decide llevarlo a juicio, un juicio dividido en tres momentos:
         Juicio frente al rey: el Horacio ha cometido un crimen contra la patria (“Lesa Patria”. Laedo, -is, -ere: herir) y contra el rey. Al rey le pareció un crimen tan triste que renunció juzgarlo, pues supondría algo impopular el condenarlo. Delega en dos “Dumviros”.
         Juicio frente a los Dumviros: estos fueron justos y a la vez duros y ordenaron al “lictor” que le atase las manos, le cubriera la cabeza y le azotase con las varas. Pero el rey aconsejo al Horacio que apelara al pueblo (pro-voco).
         Juicio frente al pueblo: presentado ante el pueblo, surge su padre, el cual se abraza a su hijo y se vuelve hacia la gente pidiendo que no le dejen huérfano. Gracias a las lágrimas del padre y la serenidad del acusado, es absuelto, pero con condiciones: que su padre hiciera el sacrificio de expiación de pasar a su hijo bajo el yugo (“la viga de la doncella Horacia”). 
A Horacio le levantaron un monumento.
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