Hacinamiento educativo

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Acaba de terminar el recreo y el profesor se apura el café para ir al seminario y recoger sus libros. Hoy toca clase de historia con un 1º de Bachillerato.
Se dirige al aula donde encuentra a los alumnos en diferentes puntos estratégicos. Unos en el pasillo, increpándoles con un “entrando, señores”; otros asomados a las ventanas, varios sentados sobre las mesas o apurando la última línea del Tuenti, pero muy pocos se encuentran correctamente sentados en su sitio.
La clase huele a humanidad. “O han estado en el patio corriendo o todavía les dura el calentón de gimnasia” se dice así mismo. Pero es normal, ahora son casi 40 alumnos en el aula y si decidieran descalzarse a la vez podríamos calificarlo de crimen contra la humanidad.
Hoy toca “la Revolución Industrial”. Prepara su “power” y comienza a pronunciar las primeras palabras de introducción al tema, no sin antes haberse girado de cara a la clase y cual Batman que desde lo alto admira Gotham se hace una importante pregunta: ¿Cómo enseño una de las etapas más importantes de la historia del hombre con tanta gente y tan poco tiempo?.
Y sobre todo, como hacerlo sin que ningún alumno se quede con dudas, asimile de forma correcta los conceptos, contenidos y competencias, o adquieran la capacidad de superponerlo al tiempo actual. Definitivamente, ya no se puede.

Una política de recortes en algo tan básico cómo la educación siempre trae consecuencias nefastas para el propio país. 

No estamos enseñando, estamos supervisando exámenes, ejercicios o alguna que otra actividad extra escolar. El alumno entra a su aula y se le sirve su ración de “rollo”, para vomitarla en un ejercicio o revalida. No existen medios humanos ni tiempo material que ayude al alumno en la etapa más importante del hombre: la formación.

Los docentes presienten que están forjando la próxima “camada” de trabajadores obedientes que no deben distraerse de su cometido. Trabajadores eficientes tal vez, pero contra lo que nos están vendiendo, no productivos. Un alumno me hizo ver la diferencia entre trabajador español y alemán: el alemán, cuando se acaba la tinta de su bolígrafo azul, para de trabajar; el español coge un lapicero.
Es demostrable qué los grandes empresarios, los visionarios de este siglo XXI carecían de cierta disciplina pero derrochaban imaginación. Steve Jobs, Bill Gates, Zuckerberg, Brin-Page, Jeff Bezos y un largo etcétera. Genios que innovaron y cambiaron su porción de mundo esgrimiendo su imaginación, no su disciplina.

Educa en disciplina férrea y tendrás soldados.
Educa en pensamiento libre y tendrás soñadores. 

No estoy haciendo un llamamiento a la enseñanza anárquica. La disciplina es clave para una correcta enseñanza. Al igual que dotar de medios suficientes a los alumnos. No podemos permitir que un alumno de secundaria pase un trimestre entero sin profesor sustituto de matemáticas o sin conexión a Internet para la clase de informática; y está pasando actualmente en las aulas de nuestros alumnos.

Despedir a un profesor de vocación del sistema educativo debería ser un “delito”. Tal vez, esa mujer o ese hombre inspira al futuro inventor de la vacuna contra el cáncer o al conversor del oxígeno en energía para vehículos. Reducirlo todo a números, gasto, derroche o asientos contables, es negar a nuestra sociedad un futuro mejor que el que los políticos nos están prometiendo.
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