Si Andy Warhol levantara la cabeza

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Andy Warhol es el  artista más influyente de la sociedad de finales del siglo XX y principios del XXI. Esta afirmación tan categórica y cosechadora de enemigos la fundamento en datos muy visibles: vivimos en la cultura pop y su inventor fue el señor Warhol.
La cultura pop no es esa época de la movida madrileña o cuando sonaban en los casetes canciones de Michael Jackson, Prince o Madona. Arte Pop rompe los convencionalismo (que ya hacía el expresionismo y la abstracción) y se apodera de lo cotidiano par darle su minuto de eternidad. El artista no crea, roba a la sociedad lo que habitualmente consume y lo hace único.
Son famosos sus retratos de Marilyn o de la famosa sopa Campbell. Obras basadas en iconos que todo el mundo adora y que democratiza el arte.
Pero a veces me pregunto “¿si Andy Warhol levantara la cabeza, cómo serían sus obras?”. Creo que asistiríamos al mejor Warhol de su vida. Se recrearía en su propio legado (legado perteneciente también a Oldenburg, Lichtenstein o Wesselmann), una sociedad devoradora de iconos populares, convirtiéndose en el gurú de lo “fashionable”. Tendría cuenta en cada red social (Instagran, Twitter, Facebook) y casi con toda seguridad utilizaría las nuevas tecnologías digitales en sus creaciones. Con él, Photoshop estaría a otro nivel. 
Intentando acercarme a aquello que podría llamar su atención, e imitando un poco su estilo (Andy me pedone), he querido recrear ciertas obras, o más bien iconos, en los que Warhol trabajaría.

Setenta y siete pájaros Twitter, 2013. Durante los años 60 inmortalizó la sopa Campbell repitiéndola hasta la saciedad, en casi todos los formatos y colores, pues en ella veía esa simbiosis entre el consumo y la cultura. Twitter es a la sopa en su época lo que nos alimenta a diario. No paramos de visualizar lo que dicen los demás. Opinamos, insultamos, retwiteamos. Seguimos a personas que creemos influyentes y por un comentario inapropiado los fusilamos en plaza pública. Twitter es nuestro pan diario.


Super Fontanero, 2013. Es imposible que Warhol pase por alto la influencia de los videojuegos en la sociedad actual. Mundos paralelos de una realidad cada vez menos virtual que poseen sus propios héroes y villanos, su propia moral e incluso su propio lenguaje. Es tal vez Super Mario Bros el que más simboliza esta cultura. Un torpe trabajador que debe salvar a toda una princesa de las garras de un monstruo lo suficiente inteligente para poner infinitas trampas en su camino.


El hombre más buscado Nº1, 2013. Imagen del terrorismo durante más de una década, Osama Bin Ladem acabaría siendo su modelo por la simple razón de representar aquello que cualquier nación ha deseado siempre: poner en jaque a la toda poderosa Estados Unidos. Ha sido el hombre más odiado del mundo occidental e incluso su muerte ha suscitado cierta controversia. Algo es cierto, Warhol hubiera utilizado otros colores, mezclando rojo, blanco y azul, en clara alusión de la bandera americana.


Gaga, 2013. Icono musical y creadora de tendencias, Lady Gaga es en si el objeto perfecto para ser incluido en su obra. Utilizo otro medio de masas, la televisión, para extraer dos imágenes diferentes y repetirlas en tres tonos suaves, asimilando una degradación como símbolo de lo que espera a cualquier artista, que su luz se vaya apagando.


Beso, 2013. Warhol, apolítico confeso, si trató ciertos temas en su obra en los que la denuncia social era evidente (Revuelta Racial pequeña, 1964). Las protestas sociales a raíz de la crisis económica en Europa le brindarían más de una imagen sugerente y atractiva. La de la pareja besándose en medio de los policías en Vancouver podría ser un buen ejemplo de esa cultura de lo “democrático bajo control”.  


Torres Gemelas, 2013. Un suceso tan dramático para la sociedad norteamericana le marcaría al igual que le marcó la “Bomba atómica”. Una imagen apocalíptica y repetida, remarcada por un fondo rojo y colores negros. Las 2 torres se convierten en 19 humeantes chimeneas asemejando una fábrica de muerte. El segundo avión se vislumbra como un punto negro que vuelve a matar.


 Scarlett, 2013. No podría faltar su musa, la Venus del siglo XXI y la imagen que todo hombre quería encontrarse en su cama por la mañana temprano. Si Marilyn lo era en 1964, Scarlett Johansson lo sería hoy en día. Labios, mirada y cabello atraen al espectador deseoso de un simple “hola”. Imito el clásico cuadro de cuatro rostros en colores diferentes, aunque me arriesgo aventurar que Warhol experimentaría con otros estilos más actuales.



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