Sobrevivir al bombardeo del paro.

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Las noticias en las se informa sobre las cifras del número de parados caen como una bomba en el hogar de un desempleado. Está comiendo mientras ve el informativo en la televisión, aparece el reportaje con el titular “Nuevo aumento del paro” y lo apaga enseguida. Ningún londinense se quedó para ver como los alemanes destruían su ciudad en el 41. A un parado le sucede los mismo.
Pero como los ingleses, un parado ha de quitarse los escombros y salir fuera para continuar la reconstrucción de la ciudad. Estos escombros son la desesperación, la ansiedad, el sentimiento de fracaso o una apatía contraída durante años semejante a una enfermedad que nos debilita cada vez más. 
Cada día ofrece una nueva oportunidad de empleo que no ofrece el anterior, aunque la dificultad se encuentra en cristalizarla. A pesar de que existen pocas oportunidades, no se ha de olvidar que la reconstrucción de una ciudad bombardeada es larga, costosa y solidaria.
Es una reconstrucción larga porque existen muy pocas ofertas de empleo y los “vaivenes” de la economía facilitan o perjudican la creación de empleo. No va a ser fácil (ya se dijo) pero no quiere decir que no se encuentre. La persistencia y el ánimo son claves para continuar activos. No hay que dejar de formarse, especializarse en un sector, transformarse en uno de los mejores de ese ámbito.
Va a ser una reconstrucción costosa, sobre todo por el tiempo empleado para ello. Mucho se ha oído la frase “el tiempo es oro”; pues tiene razón de ser también para el parado. Ese tiempo, que no se emplea para leer, escuchar música o estar con los mayores, se emplea para buscar un empleo y este, de momento, no llega. No estamos perdiendo dinero al salir cada mañana para buscar empleo, estamos invirtiendo tiempo, ahora nuestro recurso más valioso, en encontrar un empleo.
Y tenemos que saber que es una reconstrucción solidaria. Encontraremos personas que no les importe tu situación o que la minimicen. Un consejo, hay que alejarse de ellos. La reconstrucción debe ser con personas que quieran y deseen ayudar, no con “topos alemanes” que dinamitan cualquier ánimo, idea o deseo. Rodearse de buenos amigos o familiares siempre mejora la perspectiva frente a una búsqueda de empleo que cada vez se parece más a un bombardeo. 
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