De profetas a emprendedores.

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Cuando hablamos de un emprendedor parece que habláramos de un profeta o algo parecido. Recuerdan la escena de “La vida de Brian” de los Monty Python, en la que Brian, confundido por un mesías y perseguido por sus seguidores, pierde una zapatilla que será señalada como una señal para que todos se quiten la zapatilla de su pié. Pues no, un emprendedor no es un profeta, pero debe recorrer caminos semejantes.

Escena de La vida de Brian, Monty Python, 1979

Un emprendedor se convierte en profeta cuando nadie se atreve a comenzar un proyecto y el si. Pero no todos los profetas triunfan. Puedes poseer mucha vocación, o mucha necesidad, que tu proyecto no va a triunfar si no prestas atención a la forma de crearlo y sobre todo, a la forma de gestionarlo.

El profeta ve más allá que el resto. Ve oportunidades de mercado donde el resto solo ve dolores de cabeza. Y las ve porque sabe apreciarlas en su justo valor, sin riesgos innecesarios, sabiendo aprovechar la ocasión que se le brinda. No es estar en el lugar adecuado y el momento oportuno, es buscar o provocar ambos.

Pero hablamos de “profeta” porque un emprendedor debe tener ciertas características de ámbito psicológico e intelectual (Casero Gimón, José Luis) para llevar a cabo esta aventura.
El emprendedor debe tener fundamentalmente confianza en si mismo. Si no cree en sus capacidades se desmorona un pilar básico de su proyecto: él. 
Debe tener capacidad de analizar sus temores para enfrentarse a ellos. Enmarcar nuestros miedos, diseccionarlos, limita mucho su capacidad de control frente a nosotros.
Un “valiente” (como se llama ahora al emprendedor) no lo es si tiene miedo al riesgo. No es cuestión de ponerse frente al espejo todas las mañanas y repetir “You talkin´to me?” cual de Niro, es pensar que en el riesgo nunca se pierde.
Ser ambicioso y querer mejorar no es un pecado, pero si lo es no tener ilusión. Te levantas todos los días para convertir tu sueño en realidad. Mantén esa ilusión todos lo días y te mantendrá a flote.
Estar serenos frente a las dificultades, pues te vas a encontrar muchas y no debes venirte abajo por una colina, te has embarcado en una aventura donde vas a escalar el Everest todos los días.

La vida es una aventura diaria.
Además debes poseer otras habilidades que se pueden adquirir con formación, cómo son la capacidad de organización de los recursos, la de coordinar diferentes medios (humanos, materiales y económicos); la capacidad de dirigir equipos humanos, analizar la realidad, apostar siempre por la innovación y la renovación o ser competitivos.

Es cierto que el emprendedor debe tener ciertas características esenciales para tener éxito, aunque yo destaco una que se asemeja a la que poseen todos los profetas: capacidad de sacrificio.
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