Enfrentarse a los problemas: teoría de David y Goliat.

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Son muchos los problemas a los que nos enfrentamos diariamente. El trabajo, la casa, la familia, etc. Pero si te dijera que puedes solucionarlos casi todos, ¿me creerías?; pues hazlo. Yo lo llamo la técnica de “David contra Goliat”.

La historia del Rey de Israel que derrotó a todo un “gigante” ( 1ª de Samuel 17:4-23; 21:9) me sirve para atraer la atención sobre como podemos solucionar los problemas que parecen un “gigante” que va a comernos. La clave está en la sencillez y la focalización.

¿Creen que David no tendría miedo cuando salió voluntario para enfrentarse a Goliat?. Claro que si y mucho. Pero antes de salir observó concienzudamente a su oponente (el problema) y analizó, no solo sus posibilidades, sino también las debilidades del contrario. Lo mejor es que utilizó un recurso sencillo: una piedra. Y así fue, Goliat, todo un guerrero armado de pies a cabeza, derrotado por una piedra o ¿había algo más?.

La clave de la victoria de David es que focalizó el problema. No pensó en la espada o la fuerza del contrincante, centro su atención en la base del problema (tumbarlo) y eligió la opción más sencilla pero que el dominaba.  

Con los problemas debemos hacer lo mismo. Debemos quitar “las capas de cebolla” que lo envuelven y que desvía nuestra atención, hasta el punto de amedrentarnos, para aislar el núcleo y así resolverlo de forma sencilla. 

Un ejemplo; el mayor problema que existe ahora es la financiación de un nuevo proyecto. Olvídate de los problemas burocráticos, el posible fracaso, el “no me lo darán” y céntrate en su base: cuanto necesitas realmente y cuanto podrías ahorrar. No empieces por una tienda con 2 comerciales; empieza por una pequeña tienda que tu sólo puedas manejar. 

Focalizar el problema  aislándolo de todo el ruido que le rodea, mejora su percepción hasta el punto de encontrarle una solución más válida que la que hayas pensado antes. El dilema es, ¿y cómo lo focalizo?; fácil, ve paso a paso y simplifica. Antes de saber si el banco te dará el dinero, tendrás que saber cuanta inversión necesitas exactamente para arrancar tu negocio; no necesitas iniciar un emporio, necesitas iniciarte a tí mismo como empresario.

Conviértete en David cada día para mirar a la cara a tus “gigantescos problemas” y minimiza todo aquello que le rodea, dejándole desnudo y vulnerable a tu determinación. 

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