Debate sobre ética y filosofía futurista.

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Philip Kindred Dick es uno de los autores de ciencia ficción más prolíferos e interesantes del siglo XX. Podría aventurar que ha sido el nuevo “Julio Verne” de este siglo para con los siglos venideros.

Sus relatos y novelas plantean dudas éticas, filosóficas y psicológicas acerca de temas universales como el amor, la muerte, el poder o la justicia, aunque planteados en un escenario futurista, el cual se nos va acercando cada vez más deprisa.

He seleccionado algunos fragmentos del conjunto de sus relatos cortos o novelas con el objetivo de plantear cuestiones y abrir líneas de debate sobre cómo nuestros actos pueden modificarse, si los recuerdos son reales y sobre las distintas reinterpretaciones del amor. Para un análisis en comparativo, he seleccionado fragmentos que han sido llevados al cine. Aunque las adaptaciones no son del todo fieles, algunas si permiten captar las cuestiones básicas que plantea el texto.

Lo interesante de la literatura de ciencia ficción es la posibilidad que brinda al plantear situaciones que no son posibles ahora pero si son discutibles a nivel ético y filosófico.

¿Nuestros actos pueden verse modificados por una idea preconcebida?.

Vivimos en el tiempo de las ideas preconcebidas. Al ver a una persona, nuestro cerebro ya ha procesado miles de ideas que nos ayudan a catalogarla antes de hablar con ella. ¿Y si recibimos una idea preconcebida errónea?. Podríamos responder de diferente forma, actuar tomando decisiones muy alejadas de aquellas que hubiéramos tomado si no nos hubieran condicionado.

El informe de la minoría (1956).

[…] ¿Qué informe de la minoría?—preguntó Anderton, divertido.

Witwer parpadeó confuso.

—Vaya, debí habérmelo figurado. Entonces, ahí está la cuestión…

—Hubo tres informes de minoría—dijo Anderton al joven, divirtiéndose con su azoramiento—. Los tres informes fueron consecutivos—siguió explicando—. El primero fue el de «Dona». En aquella línea temporal, Kaplan me dijo lo del complot y según eso, yo lo habría matado inmediatamente. «Jerry» en fase ligeramente por detrás de «Dona», usó su informe como datos. Integró mi conocimiento del informe. En él, en el segundo sendero del tiempo, todo lo que yo deseaba era conservar mi puesto. No era a Kaplan a quien quería matar. Era mi propia posición y mi vida lo único que me interesaba.

—¿Y el informe de «Mike» fue el tercero? ¿Llegó después del informe minoritario?—Y Witwer se corrigió a sí mismo—. Quiero decir, ¿llegó el último?

—Sí, el de Mike» fue el último de los tres. Encarado con el conocimiento del primer informe, yo había decidido no matar a Kaplan. Eso produjo el informe número dos. Pero de cara a ese informe, se produjo la situación que Kaplan deseaba crear. La consecuencia fue recrear la posición número uno. Yo había descubierto lo que Kaplan estaba haciendo. El tercer informe invalidaba el segundo en la misma forma que el segundo invalidaba al primero. Aquello nos llevaba a la posición en que habíamos comenzado.

—Bien, vamos, todo está dispuesto—dijo Lisa jadeante.

—Cada uno de los informes era distinto—concluyó Anderton—. Cada uno de ellos era único. Pero dos de ellos concordaban en un punto. Si se me dejaba en libertad, yo mataría a Kaplan. Eso creaba la ilusión de un informe de la mayoría. Y eso es ahora… una ilusión. «Dona» y «Mike» previeron el mismo acontecimiento pero en dos períodos del tiempo diferentes, ocurriendo bajo situaciones totalmente distintas. «Dona» y «Jerry» se equivocaron y el llamado informe de la minoría se insertó en medio del de la mayoría. De los tres, «Mike» estaba en lo correcto, ya que no se produjo informe después del suyo para invalidarlo. Eso lo resume todo. […]

¿Son los recuerdos imágenes reales o interpretaciones del pasado?.

Cuando uno recuerda su primera caída en bicicleta o su primer juguete suele pensar que son recuerdos reales, pero la verdad es que el cerebro reúne pedazos de ese momento, lo reinterpreta y nos lo enseña. Entonces, ¿cuál era la verdad?.

Podemos recordarlo por usted al por mayor (1966).

[…] El hombre revolvió en un cajón de su impresionante mesa, y del interior de un gran sobre color marrón, extrajo una pequeña cartulina impresa en relieve.

– Se trata de un billete de viaje. Demuestra que usted ha hecho el viaje de ida y vuelta. Postales… Sobre la mesa extendió cuatro fotografías tridimensionales a todo color, para que Quail las viese. Luego añadió:

– Película. Fotografías que usted tomó de algunos lugares típicos de Marte con una cámara de cine alquilada…

Mostró las fotos a Quail y continuó:

– …Más los nombres de las personas que ha conocido usted, objetos de recuerdo que llegarán de Marte en el mes próximo, y pasaporte, certificados de las vacunas que se le hayan puesto, y algunos detalles más.

El hombre guardó silencio y miró agudamente a Quail. Luego, añadió:

– Sabrá usted que ha viajado, que ha ido allá. No nos recordará a nosotros, ni a mí, ni siquiera el haber estado aquí. Será en su mente un verdadero viaje, le garantizamos eso. Dos semanas completas de recuerdos hasta su más mínimo detalle. Y no olvide esto: si alguna vez duda usted de que realmente ha hecho el viaje a Marte, puede volver aquí y se le devolverá la cantidad cobrada, íntegramente. ¿Se da cuenta?

– Pero no habré ido – dijo Quail -. No habré ido, por muchas pruebas que ustedes me den de tal cosa. […]

¿Tenemos que redefinir el significado de “amor”?.

El significado de amor se interpreta en base humana, según las ideas que las personas tenemos durante toda nuestra vida, todos los sentimientos y las experiencias. Aunque si existen nuevos modos de relacionarse, ¿se debería cambiar el significado de amor?.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968).

[…] —Luba Luft era físicamente atractiva. ¿Nunca le había ocurrido antes? —Phil Resch rió—Me han enseñado que es un problema básico para los cazadores de bonificaciones. ¿No sabe, Deckard, que los hombres de las colonias suelen tener amantes androides?

—Eso no es legal —replicó Rick, que conocía las normas al respecto.

—Por supuesto que no. Muchas variaciones de la sexualidad no lo son. Y la gente las practica igual.

—¿Y si se trata de amor, y no de sexo?

—El amor es un nombre del sexo.

—Como el amor al país —insistió Rick—, o a la música.

—Si es amor a una mujer, o a una imitación androide, es sexo. Despierte y enfréntese con usted mismo, Deckard. Lo que quería era irse a la cama con un tipo femenino de androide. Ni más ni menos. Yo también he sentido eso en cierta ocasión, cuando acababa de iniciarme en el oficio. No se preocupe: curará. Sólo que en esta ocasión ha invertido usted el orden. No tendría que matarla, o estar presente cuando la mataban, y sentirse físicamente atraído después. Trate de que sea al revés. […]

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