Whitman, Williams y un Ipad.

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¿Qué tienen en común la poesía de Whitman, el actor Robin Williams y un Ipad?. Respuesta: El nuevo anuncio del Ipad Air de Apple, en el que se incluye el fragmento de la película “El club de los poetas muertos”. En una escena de la película protagonizada por Robin Williams, el profesor de poesía reúne a los alumnos en el centro del aula, agazapados como si les contara un secreto ancestral y recita el poema de Walt Whitman “¡Oh mi yo!, ¡Oh, Vida!”.

El mérito de Apple no es elegir una serie de escenas cargadas de fuerza y acoplarlas con el extracto de la película y una buena música de fondo. El acierto de la compañía es darle significado a aquello que realiza, a sus tablets. El aparato no tiene sentido por si mismo si no conseguimos sentir cosas gracias a este. La cámara no tiene sentido si no sacamos las escenas más bellas de nuestra vida; El chat no tiene sentido si no puedo decir “te quiero” a miles de kilómetros. Toda la tecnología no tiene sentido si no te sirve para cambiar tu mundo y que tu puedas cambiar el del resto.

No es nueva esta técnica y últimamente nos bombardean continuamente con anuncios que apelan a sentimientos más profundos (psicomarketing) . El mundo materialista en el que vivíamos ha caído con la crisis; No es que ya no guste un tablet, pero valoramos más la familia, las relaciones personales, el amor, la naturaleza que nos rodea o nuestras ideas, porque estas no sufren la crisis.

Apple escarba en esta renovada escala de valores y nos presenta lo material como lo que es, una herramienta vacía sin su creador pero importante para él porque es su medio de expresión. El coche es rápido, seguro y dotado con la última tecnología pero si no me implica emocionalmente, tal vez sea otro coche más.

El poema de Whitman es utilizado por su significado frente a los tiempos difíciles y fracasados en los que vivimos; Pero al final queda los más importante, la vida en sí misma como gran reto y la manera en la que podemos afrontar este reto.

O Me! O Life!
Oh me! Oh life! of the questions of these recurring,
Of the endless trains of the faithless, of cities fill’d with the foolish,
Of myself forever reproaching myself, (for who more foolish than I, and who more faithless?)
Of eyes that vainly crave the light, of the objects mean, of the struggle ever renew’d,
Of the poor results of all, of the plodding and sordid crowds I see around me,
Of the empty and useless years of the rest, with the rest me intertwined,
The question, O me! so sad, recurring—What good amid these, O me, O life?

Answer.
That you are here—that life exists and identity,
That the powerful play goes on, and you may contribute a verse.

¡OH, MI YO! ¡OH, VIDA!

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales, de las
ciudades llenas de necios,
De mí mismo, que me reprocho siempre (pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
De lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve – ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?
Respuesta
Que estás aquí – que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que
puedes contribuir con un verso.

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