Los Tercios españoles.

Posted on

El alma de la máquina militar española eran los tercios y dentro de ellos la infantería, la más sufrida y más sacrificada al ser la primera en entrar en combate, siempre en primera línea. Los Tercios se nutrían de hombres de la más diversa naturaleza, siempre procedentes de los estados hispánicos, y sobretodo, nutrido de un número amplio de españoles, dando al ejercito un aire nacional. El mando lo ostentaba un general, cercano al circulo cerrado de la corte real, ayudado por numerosos segundones y/o capitanes mercenarios. La caravana que seguía al ejército era amplia y costosa, pues contaba con el alojamiento de los soldados, su alimentación, armas y munición, cierta asistencia sanitaria e incluso cantineros y prostitutas, para subir la moral a la tropa.

Su increíble decadencia va paralela a la del estado Español; los problemas de España afectaban al ejercito, sobre todo si se tratan de problemas económicos, y por lo tanto si el ejercito sufría, el estado también sufría, con dureza, sus derrotas. La fama del soldado español caía como sus banderas.

Los tercios, en el campo de batalla, mostraban un despliegue típico de los ejércitos europeos: formación masiva compuesta por un grupo central de picas rodeados por mosqueteros dispuestos en cuadros cerrados en sus esquinas (dibujo).

tercios

En los combates se alternaba las salvas de los mosquetes y la carga con las picas (sosteniéndola con la mano izquierda y bloqueada con el pie derecho dejando la mano derecha para utilizar la espada). La pelea era tan sangrienta e intensa  que al avanzar se debía hacer por encima de los cuerpos caídos, aprovechando sus armas incluso. La eficacia de los tercios decayó debido a su lenta reacción a los cambios de táctica y sobretodo a Gustavo Adolfo de Suecia, que revolucionó el arte de la guerra con: mosqueteros sin trípodes y culebrinas, con lo que se multiplicaba por tres su rapidez; cargas de caballerías al trote en filas de 10 y empleando la pistola.

Pero los problemas del ejército no están en estrategias obsoletas, sino en el interior de las filas. El soldado español se debía arrastrar, ocultar, luchar y morir, pero esto para el tercio español “es una honra” y su deber. Lo que el soldado no entendía era el hacerlo lejos de su casa, y por una tierra extraña, con lo que conllevaba enfrentamientos con la población del lugar, ya que para ellos el soldado español era un invasor y no un “defensor de la cristiandad”. También destacar que la población temía el pillaje y los robos de los soldados, además de otros abusos, todos ellos provocados por un retraso de la soldada (Wallenstein y sus hombres fueron autorizados a saquear).

La batallas se estaban convirtiendo en largas contiendas y costosos asedios (en vidas y dinero), pues conseguir una plaza estratégica no era difícil, lo difícil era conservarla. La estrategia que se imponía en esa época era la de “desgaste”. Los ejércitos ponían a prueba su paciencia y fuerza de resistencia, ya sea al enemigo, al tiempo y a las enfermedades.

Ante todo esto, son normales los motines y rebeliones, por motivos de retraso de la soldada sobre todo, ya que el soldado español no se quejaba de nada, salvo de esa faltas que se iban haciendo numerosas y continuas. Pero los generales aplacaban el nerviosismo colectivo con una ejecución numerosa, pues ante todo destacaba la disciplina con que el tercio acudía a la batalla, el honor era su mejor arma: Patria, Rey y Dios.

Batalla de Rocroi por Augusto Ferrer-Dalmau
Batalla de Rocroi por Augusto Ferrer-Dalmau
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s