Historia

Mercantilismo en España.

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El comercio se mueve en la esfera de la circulación y no de la producción, es decir, el comercio distribuye bienes pero no los produce. Su objetivo básico era vender caro lo que se había comprado barato.
En la España del Antiguo Régimen, los beneficiarios se mostraban desdeñosos con las inversiones industriales, menos rentables y menos prestigiosas. Al contrario de esto, hubo numerosos renuncias de mercaderes y hombres de negocios a su actividad para dedicarse al rentismo, compra de tierras e incluso títulos de hidalguía.
En países donde el capital comercial se invirtió en actividades productivas y no se desvío a la especulación, fue el momento en el que se erosionó las viejas estructuras feudales.

Nacionalismo. Ideología y modelos.

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La palabra nacionalismo ha adquirido una acepción confusa, relacionada con el romanticismo y el liberalismo, pero que está más cercana a un sentimiento que a una doctrina política. Andrés de Blas, Catedrático de Ciencia Política en la UNED, indica algunos aspectos que deberían tenerse en cuenta para la definición del término cómo que posee una raíz psicológica, es desarrollado cómo una ideología política abstracta y que es ineludible su aspecto cultural, antropológico y filosófico.

Si nos remontamos a la etimología de la palabra nación, del latín naceré o nacer, era empleada en la baja Edad Media para referirse al concepto de comunidad en contraposición al de feudalismo. No es hasta el siglo XVIII cuando adquiere un sentido político, cómo nación entendida en el conjunto de lo individuos sobre los que recae la soberanía de un territorio, a la vez que un sentido romántico, entendida cómo el conjunto de individuos con una tradición común de lengua, historia y religión.

Giuseppe Mazzini, creador ed una nacionalismo más progresista y democrático.
Giuseppe Mazzini, creador de un nacionalismo más progresista y democrático.

La primera será compartida por historiadores cómo Michelet, los cuales la identifican simplemente cómo la creación de un marco básico de convivencia para el desarrollo del aparato estatal; el estado crea la nación. La segunda tendencia, la cultural, es característica de los filósofos alemanes (Herder y Fichte), defensores de un término de nación cómo soporte de la existencia de un grupo diferenciado respecto al resto.

Así, podemos encontrar varios tipos de nacionalismos, desde el punto de vista ideológico (tradicionalista, liberalista, conservador) o práctico (unificador, independentista, imperialista).

El nacionalismo tradicionalista nace de ese romanticismo cultural que antepone la realidad social a la individual-la sociedad crea al hombre. La lengua obtiene una gran importancia, puesto que es medio del pensamiento y este es la característica esencial que define al hombre.
El nacionalismo liberalista incluye un componente político al anterior, reclamando independencia y parlamentarismo.
Potencias cómo Gran Bretaña o Francia se lanzarán en un sentimiento imperialista contagiados por un nacionalismo más conservador.
Los casos de Italia y Alemania-muy diferentes en fondo y forma-personificarán el nacionalismo unificador, desde un conjunto de estados separados, partiendo de una conciencia de pertenencia a la misma.

Lord Byron, símbolo de la independencia griega.
Lord Byron, símbolo de la independencia griega.

El nacionalismo independentista, basado en la presencia de una nación dentro del marco político de un Estado diferente, cobrará importancia en la independencia de Grecia del Imperio Otomano. Actualmente, son Escocia y Cataluña las más representativas.
La expansión colonial por Asia y África llegará a la luz de un nacionalismo imperialista que exaltará el patriotismo en naciones ya consolidadas.

El nacionalismo, a pesar de estallar en el siglo XIX, su eco nos ha llegado hasta nuestros días en los que el mundo global hace renacer de nuevo los sentimientos de particularidad.

Sobre la Revolución Industrial.

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El progresivo desarrollo de las actividades económicas que caracterizan la industrialización ha permitido a los países implicados una clara prosperidad material, acompañada de mejoras tecnológicas, avances científicos y estabilidad política que han generalizado una mejora de las condiciones de vida diaria y un crecimiento demográfico y urbanístico excepcional. No obstante, estas circunstancias pueden ser contestadas asimismo desde la perspectiva de quienes sufrieron los efectos de la explotación laboral o de aquellos países incapaces de afrontar semejantes transformaciones.

Antonio Escudero

Análisis comparado de textos históricos: Hobbes vs Locke.

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La causa final, fin o designio de los hombres (que naturalmente aman la libertad y el dominio sobre los demás), al introducir esta restricción sobre sí mismos (en la que los vemos vivir formando estados), es el cuidado de su propia conservación y por añadidura el logro de una vida más armónica; es decir, el deseo de abandonar esa miserable condición de guerra que, tal como hemos manifestado, es consecuencia necesaria de las pasiones naturales de los hombres, cuando no existe poder visible que los tenga a raya y los sujete, por temor al castigo, a la realización de sus pactos y a la observancia de las leyes de la naturaleza”.

Para comprender bien en que consiste el poder político y para remontarnos a su verdadera fuente, será forzoso que consideremos cuál era el Estado en que se encontraban naturalmente los hombres, a saber: un estado de completa libertad para ordenar sus actos y disponer de sus propiedades (…) Es también un estado de igualdad, dentro del que todo poder y toda jurisdicción son recíprocos (…) En consecuencia, siempre que un cierto número de hombres se unen en sociedad y renuncian cada uno de ellos al poder de ejecutar la ley natural, cediéndolo a la comunidad, entonces y sólo entonces se constituye una sociedad política o civil (…) Resulta, pues, evidente que la monarquía absoluta, a la que ciertas personas consideran como el único gobierno del mundo, es, en realidad, incompatible con la sociedad civil, y por ello no puede ni siquiera considerarse como una forma de poder civil (…)”

Ambos textos son fuentes históricas primarias de naturaleza ideológica-política y destinatario público, aunque el segundo (Locke) podría interpretarse cómo una respuesta directa a Hobbes y Filmer. El primero es un fragmento del Leviatan de Thomas Hobbes (1651), un corpus político adoptado por el absolutismo, mientras que el segundo es un fragmento perteneciente al Contrato Civil de John Locke (1690), más en la línea del parlamentarismo. La intención de ambos textos es dirimir cual es la naturaleza real del poder, su origen, para justificar el derecho divino del monarca o el derecho natural del hombre. Ambos conviven en un siglo XVII que aglutina crisis de todo tipo cómo fueron la económicas (hambres y revueltas campesinas), políticas (Guerra de los 30 años-1618/48-, Fronda-1648/53-, Revolución Inglesa-1688/89-) y religiosas (revocación del Edicto de Nantes). Podemos enlazar estos hechos con una influencia de Hobbes (fortalecimiento del absolutismo) y una justificación de Locke (triunfo del parlamentarismo en Inglaterra).

Las ideas principales de ambos textos se enfrentan directamente por la ostentación del poder. Hobbes justifica esa Monarquía cómo la única opción para acabar con el estado de guerra en el que viven los hombres y cómo la que les mantendrá a raya para ofrecerles una vida más armónica. Locke apela al estado o ley natural, entendida cómo un conjunto de derechos inalienables, para que los hombres la cedan a la comunidad (pacto) y se pueda crear una sociedad política-civil (instrumentalizar el poder). Son antagonismos claros ya que mientras una no ve capacitado a los hombres para gobernar, el segundo no sólo los reconoce sino que también se lo exige.
Una de las ideas secundarias sería la diferente interpretación que ambos hacen del “Derecho natural”, aniquilación entre los hombres para Hobbes frente a estar guiados por la razón y bajo el dictado de la ley natural para Locke. También subyace la idea del enfrentamiento entre absolutismo (poder visible) y parlamentarismo (sociedad política).

Ambos fragmentos se enfrentan en defensa de diferentes ideas políticas que van a surgir en el siglo XVII, el absolutismo y el parlamentarismo. Hobbes cree que la igualdad física y mental de todos los hombres les mueve a desear lo mismo y a encontrarse en perpetuo Estado de guerra (deseo de abandonar esa miserable condición de guerra). En este plan, la humanidad se destruiría rápidamente, sino fuera por su propio instinto de conservación (cuidado de su propia conservación). Por temor al castigo, los hombres se asocian y delegan sus derechos en uno de ellos, al que revisten de autoridad absoluta (poder visible que los tenga a raya). Así destaca la idea de que el soberano sale de los individuos. El contrato lo hacen éstos entre sí, introduciendo una restricción sobre sí mismos. El Estado, por lo tanto, no es un fin en sí mismo, ha sido creado exclusivamente para servir al individuo y el mejor modo de servirlo es mantener el orden. Así una vez constituido el Estado, al que llama Leviathan, no puede ser impugnado aunque actúe despóticamente, ya que la anarquía sería peor que cualquier otro mal. Por otro lado, Locke pretendía justificar la deposición de Jacobo II por Guillermo de Orange (1688), el cual encarnaba los ideales políticos y religiosos del parlamento británico y justificar que su rebelión había tenido como causa la defensa de los derechos naturales del individuo (la monarquía absoluta…es en realidad incompatible con la sociedad civil). Partiendo del estado natural de los hombres (se encontraban naturalmente), estos no se aniquilan entre si, sino que actúan al dictado de una ley y guiados por la razón (estado de igualdad, dentro del que todo poder y toda jurisdicción son recíprocos). Por ello, los hombres deben asociarse libremente por medio de un contrato establecido (los hombres se unen en sociedad) y ceder el poder de ejecutar la ley natural.

El poder de los monarcas se fortaleció hasta eliminar cualquier tipo de representatividad del siglo anterior, dando lugar a las monarquías absolutas, aunque de forma híbrida en algunos casos ya que, a ese deber del monarca o la costumbre se unirán elementos nuevos cómo el mercantilismo. La Monarquía construyó el Estado Moderno, propio del Antiguo Régimen, mediante el refuerzo del centralismo y la ampliación de los impuestos para financiar los gastos del Estado. Esa ampliación de impuestos hace explotar numerosas revueltas, fortaleciendo su imagen de “procurador de paz y orden”, incluso entre las clases populares. El absolutismo de Luis XIV está marcado por el recuerdo de la Fronda, de manera que la paz civil subyace en el pensamiento de la gente. Por otro lado, la burguesía francesa, muy diferente de la inglesa, se había convertido en el sostén de la monarquía francesa, la cual mantenía cierta inestabilidad entre las clases para provocar su enfrentamiento y que así no surgiera ninguna por si misma con la suficiente fuerza para imponerse. Las divisiones internas en los grupos nobles y burgueses contribuían a fortalecer la imagen del monarca. Aunque hubo una excepción: las revoluciones inglesas de 1688/89. Como consecuencia del cambio de mentalidad política posterior al Renacimiento y otras circunstancias propias en las que se mezclan aspectos religiosos, sociales, económicos, triunfa en 1688/89 la postura antiabsolutista defendida por el Parlamento frente a los monarcas Carlos I, Carlos II y Jacobo II. Daría lugar, tras una guerra civil, a otra nueva forma de poder: la Monarquía Parlamentaria, o lo que es lo mismo el desmantelamiento de la monarquía absoluta en beneficio de los sistemas representativos.

En conclusión, ese afianzamiento del absolutismo que defiende Hobbes, verá su ocaso a finales de siglo, principalmente en Francia, dando paso al liberalismo europeo. Locke representará un papel fundamental en el ideario de los burgueses en la revolución francesa al poner en el mismo nivel el derecho a la propiedad y los derechos civiles, a la vez del laissez-faire económico. También su influencia se dejará ver en la Guerra de Independencia de Estados Unidos, más concretamente en la Declaración de derechos de Virginia (1776).

Inaguración del IV curso Guías del Patrimonio de la Diócesis de Albacete.

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Comienzan para este año el IV Curso Guías de Patrimonio de la Diócesis de Albacete. Dirigido por Patrimonio Cultural de Albacete, el Instituto Teológico Diocesano de Albacete y el Obispado mismo, contará con un número importante de charlas y visitas para conocer mejor nuestro patrimonio artístico e histórico sacro.

Imagen nocturna de la Catedral de Albacete.
Imagen nocturna de la Catedral de Albacete.

La participación de expertos investigadores en temas de arquitectura, conservación, literatura, arte e historia promete un curso muy interesante para el estudioso y muy educativo para el profano. Algunos de los profesionales que participan son: Antonio Escario-Profesor de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia- Maria del Carmen Real-del Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha- Ángela Franco-Conservadora de antigüedades medievales del Museo Arqueológico Nacional- Luis Enrique Martínez-Profesor de Historia de la Iglesia en el ITDA y Vicario General de la Diócesis de Albacete- y los historiadores e investigadores, miembros del Instituto de Estudios Albacetenses, Luis Guillermo García-Saúco, José Sánchez, Blanca Gamo y Rafael Piqueras.

Las conferencias se alternaran con interesantes visitas guiadas a monumentos históricos, museos e incluso al concierto de Canto Gregoriano en la Catedral, ofrecido por la Escuela Gregoriana de Murcia.

Los temas a tratar se centrarán en el arte religioso, desde la Edad Media hasta el siglo XX, parándose en edificios cómo la Asunción, la catedral de Albacete, en ciudades cómo Alcaraz o Yeste e incluso visitando la Biblioteca del Seminario Mayor de Albacete para observar su exposición de facsímiles.

La inscripción cuesta alrededor de los 80 euros y se puede realizar en la calle Salamanca de Albacete, número 10, sede del Obispado de Albacete. El curso tendrá comienzo el 20 de Noviembre de 2014 y será clausurado el 30 de Abril de 2015.

Programa Guías de Patrimonio de la Diócesis de Albacete IV
Programa Guías de Patrimonio de la Diócesis de Albacete IV